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27 Oct. 2020
Belleza

Historia de la cosmética: antes del ácido glicólico de farmacia

El ácido glicólico de farmacia es uno de los productos candentes en la cosmética facial, pero no es el primero en estar de moda

Repasamos la historia de la cosmética, porque el cuidado de la piel no es ningún invento nuevo

No sólo de ácido glicólico de farmacia vive el cutis. Muchas veces pensamos que los cuidados de cosmética facial son un invento moderno, nacido entre las exigencias estéticas del siglo XX. Pero lo cierto es que este tipo de prácticas se llevan dando desde hace miles de años.

Es difícil determinar con exactitud en qué momento exactamente empezamos a prestar atención al estado de nuestra piel. Todas las pistas apuntan a que la ornamentación de uno mismo es algo intrínseco a la propia naturaleza humana. Pero no es lo mismo el adorno que el cuidado: es la diferencia que existe entre pintarse la cara y eliminar imperfecciones. La intención de las dos prácticas va encaminada hacia la consecución de la «belleza», pero los métodos pueden ser muy distintos y los objetivos llenos de matices.

Grecia y Roma: el lugar de nacimiento de la cosmética facial

Quizá la diferencia más grande entre entonces y ahora es que en la sociedad Clásica, el culto a la belleza era un asunto que preocupaba por igual a hombres y mujeres. Era habitual pasar la noche con mascarillas de cera o aceite puestas, para conseguir un rostro lo más uniforme posible. También se utilizaba mucho la lanolina, una sustancia grasa que a día de hoy se sigue empleando en la fabricación de cosméticos, que sirve para proteger e hidratar la piel.

El ideal de belleza actual no es tan diferente del ideal de belleza de la Edad Media: por suerte, en el siglo XIV usaban polvo de plomo, y ahora usamos ácido glicólico de farmacia

En la Edad Media, todo lo relacionado con la cosmética (y la higiene personal) tomó un lugar absolutamente secundario. Entre epidemias, hambrunas, guerras y otras desgracias, no hay muchos registros que delaten una gran preocupación del pueblo por mantener un cutis joven. Sí que había modas entre la realeza y nobleza. La panacea era parecerse en lo más posible a las reinas y princesas nórdicas. Esto es: tez blanca, pelo rubio, largo y ondulado.

Como no todo el mundo se puede parecer a Cristina de Noruega, era muy habitual el uso de maquillaje, muchas veces polvo hecho a base de harina de trigo en la Alta Edad Media. En la Baja Edad Media, sin embargo, se empezaron a añadir otros ingredientes a las mezclas tradicionales que resultaban extremadamente tóxicos, el plomo, que podía disimular mejor las imperfecciones (fue muy popular después de las epidemias de viruela), pero a largo plazo causaba despigmentación permanente, piorrea y caída del cabello.

Esta tendencia de tener una piel lo más blanca posible se ha mantenido casi que hasta nuestros días. La palidez de piel no era sólo una marca de belleza sino de estatus social. Hasta principios del siglo XX, las únicas mujeres caucásicas con la piel bronceada eran las que trabajaban al aire libre (como las campesinas o las tenderas). Por lo tanto, la piel blanca era un síntoma de bienestar económico. En Estados Unidos, a finales del siglo XIX, se comercializaron pastillas de arsénico que prometían deshacerse de todas las manchas, pecas e irregularidades de la piel.

Y en el siglo XX apareció la cirugía plástica tal y como la conocemos ahora. Es la máxima expresión del objetivo que ya tenían las mascarillas de aceite de las mujeres griegas: acercarse lo más posible a la idea de perfección.

Distintos métodos para el mismo objetivo

Las prácticas cosméticas siempre han ido (y siempre irán) ligadas a los ideales de belleza. El año pasado se pusieron de moda las pecas, y empezamos a dibujárnoslas. Cuando en el París se los años 20 se puso de moda la piel bronceada, las mujeres usaban una crema facial a base de zanahorias para intentar broncearse. En las civilizaciones clásicas, el canon era ser blanca y tersa como una estatua. Y hoy, el ideal de belleza de la civilización occidental se articula en torno a la juventud. Por eso tratamos de retrasar la aparición de arrugas, manchas y signos de expresión lo máximo posible.

A día de hoy, no podemos decir que las prácticas de acercamiento al ideal de belleza no hayan dejado de ser extremas en algunos casos. Pero también la investigación avanza, y hoy es posible mantener una piel joven sin miedo a la intoxicación permanente.

El ácido glicólico, por suerte, no es nada comparable al uso de plomo o arsénico. Ya os lo contamos todo acerca de él en un post anterior que podéis leer en nuestro blog: el ácido glicólico de farmacia da unos resultados excelentes a la hora de eliminar manchas, reducir arrugas y retrasar o incluso revertir el envejecimiento de la piel en general.

Su aplicación debe ir siempre acompañada de un asesoramiento médico o farmacéutico, especialmente si no se ha usado nunca antes. Para eso tenéis disponible nuestro servicio de dermofarmacia. Pide una cita ahora, y descubre nuestros productos con ácido glicólico.